Carisma Dominicano

El Carisma Fundacional es el carisma recibido por el fundador en cuanto a fundador. Constituye y define el instituto dentro de la Iglesia y determina su índole peculiar, su manera de ser y su misión apostólica. El carisma no se identifica con las actividades u obras que le fundador recomendó realizar.
Cada Instituto debe conservar y acrecer su carisma, su índole propio, su espíritu, su manera de ser, su aire de familia. A Cristo hay que imitarlo en radicalidad, pero desde la perspectiva del propio carisma, es decir, en configuración especial con Él, en un determinado aspecto de su misterio.
¿En qué consiste el carisma fundacional? Es un don de gracia concebido por el Espíritu Santo para hacer de nuevo en ella visible y realmente presente a Cristo, Virgen, Pobre y Obediente. Es la profunda preocupación por configurarse con Cristo. La dimensión más honda y sustantiva del carisma: “la peculiar configuración con Cristo y transmitida a los discípulos”.
Todo fundador tiene un modo peculiar de asimilar y vivir los elementos constitutivos de toda vida cristiana y evangélica. En respuesta a una personal vocación. Se siente impulsado a reproducir en su vida algunos rasgos especiales de la vida de Cristo. La experiencia del Espíritu es la clave para entender el Carisma Fundacional. Este carisma vivido por el fundador es comunicado a sus discípulos para que lo vivan, custodien, profundicen y lo vayan profundizando.
El carisma se traduce en espiritualidad, es decir en un conjunto de rasgos, de actitudes, de elementos doctrinales y experimentales, que constituyen el modo de ser o índole del instituto. Podría decirse que una espiritualidad es una teología meditada y vivida hasta el punto de crear un estilo de vida. Finalmente, toda espiritualidad auténtica es una forma de configuración real con la persona de Jesucristo, obrada por el Espíritu.

Fuente de Inspiración: dice Guy Bedonelle que el carisma de Santo Domingo es mucho más de síntesis que de invención. Reside en el arte de conjuntar, de conciliar, de organizar un manojo los elementos de la tradición. Estos elementos: la espiritualidad clerical, regular o monástica y también apostólica. Hay que añadir que en la Edad Media la tradición espiritual estaba todavía unificada en torno a la Biblia, que se resumía en la Lectio Divina, y en la enseñanza de los Padres de la Iglesia, ambas fuentes se hallan integradas en la celebración litúrgica.

Otras fuentes: Casiano, San Agustín con su regla, los Premostratenses, Grandmont, los Cistercienses. También hay que tener los campos de acción: España, Languedoc, Italia y los horizontes paganos (los cumanos). También las tareas de canónigo: predicador, teólogo, fundador, contacto con los herejes, laicos, jóvenes, hermanas. Todo ello fue fuente de inspiración.