Espiritualidad

1. ESPIRITUALIDAD  

1.1. Término y concepto: Puede tener los significados siguientes: es la cualidad de lo que es espiritual (de Dios, de los ángeles, del alma humana, de la Iglesia); es sinónimo de piedad realmente poseída (de un santo, o de todo aquel que tiene relaciones de servicio con lo Divinum); es la ciencia que estudia y enseña los principios y las prácticas de que se compone dicha piedad o dicho servicio de Dios; cuando se identifica con escuela de espiritualidad. Hay también muchos sinónimo usados o preferidos por autores para indicar la espiritualidad, entendida como servicio de Dios o como ciencia espiritual. (camino de vida espiritual, método, modo o modalidad, orientación, mentalidad, corriente, actitud, forma o norma de vida, tradición, experiencia, y otros). En los documentos pontificios salen con más frecuencia los siguientes sinónimos: camino, método, doctrina ascética, enseñanza espiritual, espíritu, escuela espiritual.

Una eventual definición: es un particular servicio cristiano de Dios, que acentúa determinadas verdades de la fe, prefiere algunas virtudes según el ejemplo de Cristo, persigue un fin secundario específico y se sirve de particulares medio y prácticas de piedad, mostrando a veces notas distintivas características.

1.2. Clasificaciones: Hay diversos criterios para su clasificación, y según se siga uno u otro cambio incluso de género de espiritualidad. Se clasifican del modo siguiente:

a.Según del criterio étnico-geográfico (oriental y occidental, española, americana, otras).
b.Según el criterio doctrinal o según las verdades de fe preferidas (trinitaria, Cristológica, eucarística, mariana, otras).
c.Según el criterio ascético-práctico o según las virtudes preferidas, enseñadas o practicadas particularmente (e. de la penitencia).
d.Según el criterio antropológico o psicológico (e. intelectualista, práctica, afectiva).
e.Según el criterio de los estados y de las profesiones (e. laical, presbiteral y religiosa: e. de los médicos, de los maestros, otros).
f.Según el criterio histórico-cronológico (e. paleocristiana, medieval, moderna, renacentista, barroca, contemporánea).
g.Según el criterio de los grandes fundadores de órdenes o congregaciones religiosas (e. agustiniana, benedictina, franciscana, dominicana, carmelitana, ignaciana, otras).Este criterio es el más tradicional e incluso de mayor importancia práctica y es muy seguro que ningún otro criterio está tan justificado ni tan documentado como éste.

1.3. Tres aspectos nuevos en el concepto de espiritualidad. 

a.El primero, basado en el retorno a las fuentes bíblicas y humano-psicológicas, expresa la necesidad de reconducir las palabras abstractas de espiritualidad y de espiritual a su contenido original y vital de tipo personal. Esto significa reconducir la vida espiritual al Espíritu Santo. (Cf. Rom 5,5).
b.El segundo aspecto de la renovación afecta a la vocación universal de cada una de las personas a la perfección de la caridad para con Dios y para con los hermanos. Con la finalidad de facilitar y encarnar el mismo y único ideal evangélico de perfección en la caridad, dentro de una santa y rica pluriformidad. (Cf. 1 Cor 12).
c.El tercer aspecto se refiere a la unidad de los cristianos y a la unidad de las religiones mundiales. 

2. HISTORIA DE LA ESPIRITUALIDAD 

Trazaremos algunas de sus líneas más destacadas y progresivas que prevalecen en las diversas épocas de la historia. 
2.1. Las vías del cristianismo primitivo: caracterizado por dos grandes experiencias originales: el cristocentrismo y la vida de comunión en la Iglesia. La primera experiencia, entendida como participación en la vida de Jesús y como seguimiento del Maestro. En la segunda experiencia o dimensión del cristianismo primitivo, la página de los Hechos que nos presenta a la comunidad de Jerusalén en perfecta comunión (Hch 2, 42-47).
Sobre estas dos dimensiones ordinarias y universales que expresan la santidad cristiana, se asientan otras dos vías extraordinarias que en el cristianismo primitivo dan fe de la radicalidad de la opción evangélica: el martirio y la virginidad. El martirio se consideró como la cima de la profesión de la propia fe y una perfecta configuración con Cristo crucificado. (Cf. Ap 7,14). La virginidad cristiana, opción por el Reino de los cielos, es vivir el misterio de la Iglesia, virgen y esposa del Señor. Nace así una consagración especial, arraigada en el bautismo. 

2.2. Las vías del monacato primitivo: cristianos que escogen el testimonio del Evangelio con una radicalidad característica. Los eremitas abandonan las ciudades por el desierto, la vida tranquila por la penitencia y la soledad. El cenobismo, ya desde los tiempos de Pacomio, la vida común, modera las exageraciones de los solitarios, ordena las relaciones de la vida comunitaria, acentúa las exigencias de la caridad y no solamente las de las ascesis: privilegia además el camino del diálogo espiritual con los monjes más ancianos y experimentados que ejercen el ministerio de la paternidad espiritual.  
La humanidad de san Benito y la precavida pedagogía de su Regla ofrecen un oportuno equilibrio en Occidente a la santidad monástica. La vía espiritual del trabajo y la oración, la armonía comunitaria bajo la dirección de un pater familias que es el abad, el entramado de la oración litúrgica y de la personal, la lectura de la Biblia y el ejercicio de las virtudes, son los puntos básicos de esta santidad, que se abre también a la caridad social, a la hospitalidad, al trabajo, al servicio de la cultura. 

2.3 Vías medievales de la santidad: de la edad Media podemos deducir dos puntos de referencia que expresan la novedad en la continuidad evangélica. Órdenes mendicantes consiguen realizar una síntesis entre las exigencias del seguimiento, la comunión de la vida, la dimensión evangélica y evangelizadora, en contacto vivo con el pueblo. Es significativo que esta vida se designara como apostólica, porque quería emular la vida de los apóstoles con Jesús o en la comunidad primitiva de Jerusalén. 
A nivel popular, la vida de la espiritualidad y de la santidad se desplaza hacia la llamada religiosidad popular. Se trata de una manera de vivir la fe y de compartir las experiencias cristianas en formas típicamente populares, creativas, fuera de los esquemas demasiado rígidos de una liturgia clericalizada, en una forma de liturgia popular. (Los misterios de la Navidad y de la Pasión, reliquias, el culto, el Santísimo Sacramento, las procesiones y las peregrinaciones). El pueblo vivió largo tiempo en la Edad Media y en los siglos siguientes este tipo de santidad. 

2.4. Formas de espiritualidad de la época moderna: se caracteriza por aquella corriente de espiritualidad llamada devoción moderna, que concede un relieve especial a la praxis de la meditación, a la búsqueda de la contemplación, de la interioridad, casi como complemento y como reacción a veces contra cierta superficialidad que se advertía en la religiosidad popular. Va acompañada de la ascesis y de la práctica de las virtudes. También son vías de santidad las que se desarrollan en diversas escuelas y en devociones o acentuaciones de algunos aspectos concretos del misterio de Cristo o de María. Pensemos en la devoción al Sagrado Corazón o a los Sagrados Corazones. 
La época moderna conoce además, desde Ignacio de Loyola, un florecimiento de la santidad apostólica con múltiples fundaciones dedicadas a las obras de misericordia corporales y espirituales, a la educación, a las misiones. Los santos de esta época llevan marca de personas de acción y de una generosa entrega a la caridad social. 

2.5. Los caminos del tiempo presente: En nuestro siglo que se dirige hacia su fin parecen reavivarse y converger las vías espirituales. Se reavivan las vías del cristianismo primitivo, exigiendo fuertemente un retorno a las fuentes, a las vías de la espiritualidad bíblica, patrística, litúrgica y monástica.  
Es el tiempo de la espiritualidad de los laicos, de la promoción de la santidad en la familia, en el trabajo y en la profesión. Esto hace que el protagonismo de la espiritualidad pase en cierto modo a los movimientos laicales. Es la época de los movimientos eclesiales. Estamos en un momento de la historia en que las diversas vías históricas de la espiritualidad y de la santidad –la de los diversos estados de vida, de los diversos carismas históricos, de las acentuaciones evangélicas– están llamadas a vivir en una relación mutua de unidad: “Que todos sean uno para que el mundo crea” (Jn 17,21).