La Contemplación

LCO No. IV: “La vida propia de la Orden es la vida apostólica en sentido pleno; una vida en la cual la predicación y la enseñanza deben brotar de la abundancia de la contemplación.”El ejemplo de Santo Domingo: estudiar mucho y hablar sólo de Dios. Contemplación rebosando y enriqueciéndose en la donación apostólica, predicación brotando, sincera y auténtica de una plenitud de contemplación. La contemplación nace del amor, y el amor de la verdad.Definición: Santo Tomás la define como: “una simple intuición de la verdad divina, que tiene su origen en la caridad. Procede de una fe viva, fortalecida por los dones del Espíritu Santo, dones de inteligencia, sabiduría y ciencia.”La contemplación consiste en una misteriosa percepción de la presencia de Dios, es un conocimiento lleno de amor y casi experimental de Dios, un ver a Dios, poseerlo y ser poseído por Él; es una visión de Dios posible ya en la tierra. La vida contemplativa es una vida íntima de fe y amor que tiene a Dios por objeto. Es una respuesta teologal de fe, esperanza y amor con el cuál el cristiano se abre a la revelación y a la comunión del Dios vivo por Cristo en el Espíritu Santo.La caridad es el principio y el impulso; la sabiduría no es sólo conocimiento superior, sino un conocimiento afectivo, deleitoso; la contemplación propiamente es la plenitud de la lucidez y comprensión gozosa de la verdad; es la penetrante visión amorosa del Dios Uno y Trino, llena de goces y alegrías.

Para Santo Tomás la vida apostólica no se contrapone a la vida contemplativa, sino que es una fusión de contemplación y acción. La vida apostólica del dominico es contemplación que fructifica en la acción, es acción que brota de la plenitud de la contemplación.

Santo Tomás distingue tres fases en el acto de la contemplación:

  • Aquella del amor que incita a contemplar.
  • La contemplación, como simple intuición de la verdad.
  • La necesidad de dar a conocer aquello de lo contemplado.

La contemplación no es un acto, sino un sistema de vida; no es sólo preparación para el apostolado, sino que es el agua viva que nutre continuamente la acción apostólica. El dominico no distribuye el tiempo en orar y predicar, sino que cuando ora está con los hermanos y viceversa; cuando predica está con su mente dirigida a Dios.