La Espiritualidad Profética y la Orden Dominicana.

1. ¿Qué se entiende por el término “espíritu”? 

A. En la Mentalidad Griega. La palabra “espíritu” hace referencia a la razón, el intelecto, a una realidad del orden del pensamiento, exenta de toda relación con la materia o con el cuerpo, que incluso sería la antítesis cabal de ambos.

B. Dios es un espíritu puro. ¿Qué queremos expresar con esta definición? Esta afirmación o formulación no tiene nada de bíblica, al menos en el sentido en que solemos decir equivocadamente que ser espíritu “es” “no tener cuerpo”. Y no tiene nada de bíblica porque esta dualismo espíritu – cuerpo es sin duda lo último que a la Biblia le interesa.

C. Dentro de esta mentalidad se ha llegado a pensar que se era más santo y se estaba más en conformidad con el Espíritu de Dios, cuando el “cuerpo” y las realidades terrenas e históricas eran más dejados en el olvido, contrariados o rechazados. Cierta apología de la “vida interior” inclinaba a veces en esta dirección, predicando una especie de angelismo y “despego” de las realidades terrenas.

D. Según Rene Laurentin. “La vida según el Espíritu Santo es exactamente lo opuesto a la herejía espiritualista. Entendiendo por tal, una evasión al Espíritu distanciado del cuerpo, opuesto al cuerpo y a la materia. Ahora bien, quien suscita la Encarnación y todas sus realidades es precisamente el Espíritu. Semejante es el sentido de la sentencia del juicio final: “Tuve hambre y me diste de comer”. El Espíritu remite al cuerpo que es su espacio adecuado; cabalmente lo contrario de lo que hace la herejía espiritualista, que ha hecho y sigue haciendo estragos todavía hoy”.

Esta mentalidad corre el peligro de caer fácilmente en el maniqueísmo: todo lo material es malo, satánico; lo espiritual es bueno y debe evitar todo contacto con la materia.

2. Es “Espíritu” en la mentalidad bíblica. La Biblia utiliza un lenguaje simbólico, rico en imágenes.

A. El “hálito”. El aire, el viento y, en la misma línea, el ave, la paloma. Pero también el aliento de vida, la respiración (Gn 2,7; Ez 37,9). Un primer complejo de símbolos nos orienta hacia la idea de energía, poder y dinamismo; y nos abre un espacio de vida, libertad y plenitud.

B. El “fuego” es también una figura simbólica del Espíritu Santo; es a la vez, luz y calor, ardor y amor, abraza y purifica (Mt 3,11; Lc 3,16; Hch 2,3).

C. El “agua” completa el juego de símbolos. La lluvia, el rocío, el agua “viva”.

3. La vida del Espíritu.

a. ¿Qué se entiende por vida espiritual?. La vida espiritual no es un comportamiento de la vida que puede ser separado de los otros comportamientos: vida física, vida social, vida intelectual, vida económica, la vida apostólica y otras.

b. La “vida espiritual” es la “totalidad” de una vida, en la medida en que es motivada y determinada por el Espíritu Santo, por el Espíritu de Jesús. Cuanto más somos motivados por este Espíritu en todo lo que hagamos, tanto más podremos decir que tenemos vida espiritual.

c. La Biblia no divide al hombre en una parte espiritual y otra material como nosotros lo hacemos; en la Biblia el hombre es considerado como un “todo” y no como un alma que habita un cuerpo.

d. La diferencia que Pablo hace entre “espíritu y carne”. El habla de aquellos que viven “según la carne” y aquellos que viven “según el Espíritu” (Rom 8,4) o aquellos que “desean las cosas de la carne” y aquellos que “desean las cosas del Espíritu” (Rom 8,5). Pablo no está dividiendo al hombre en dos partes: espíritu y carne; ni está diciendo que debemos pensar sólo en nuestras almas y rechazar nuestros cuerpos.

e. En este contexto específico, Pablo no está usando la palabra “carne” en el sentido de deseo sexual o de naturaleza (inferior) humana. El está hablando sobre el pecado y un modo de vida que no está motivado e inspirado por Dios.

f. Esto queda muy claro a través de la relación que nos presenta sobre las “obras de la carne” (Gál 5,19-21). Para Pablo, estas son también obras de la “carne”, aunque nada tengan que ver con la “naturaleza inferior” o con las “tentaciones del cuerpo”. Más aún la carne está asociada también a la ley de Moisés o al “espíritu del legalismo” (Gál 5,18; 3,2-3). Y en otros lugares la vida según la “carne” es descrita como “el espíritu de esclavitud” (Rom 8,14) o “el espíritu del mundo” (1Cor 2,12) o “el espíritu del anticristo” (1Jn 4,3) o “el espíritu del error” (1Jn 4,6). 

g. La “vida espiritual” o “según el Espíritu” es una cuestión de estar siendo movidos por el Espíritu de Dios y no por cualquier otro espíritu. Lo “opuesto” a la “vida espiritual” no es la “vida material”, sino una vida mundana o sin fe. 

h. Lo importante no está, entonces, en preferir “mi alma” a mi “cuerpo”, sino en saber cómo discernir el Espíritu de Dios en el mundo y en mí, en ver la diferencia entre el Espíritu Santo y todos los otros espíritus profanos que motivan a las personas (1Jn 4,1). Consecuentemente, la “vida espiritual” es entonces el esfuerzo constante y directo para asegurar que el espíritu que nos mueve es el Espíritu Santo y no cualquier otro espíritu (Rom 12,2).

i. Decimos “buscar” porque el Espíritu Santo es difícil de captar; es como el viento (Jn 3,8). Es Espíritu Santo no puede ser fijado en leyes, reglas o preceptos (2Cor 3,6).

4. El Espíritu en la Historia. 

A. El pueblo de Israel creyó siempre que era la historia, su historia, donde mejor podían percibir la actividad creadora del espíritu de Dios, una actividad que supera todas las fuerzas humanas. (Jue 3,10; 14,19; 1Sm 10, 5-6; Num 11,25; 11,29b).

B. En la Biblia, el Espíritu Santo está íntimamente asociado a los profetas y, por tanto, a las profecías: el profeta es el hombre del Espíritu (Os 9,7).

C. En el N.T. la palabra profecía es usada tanto de un modo restringido como en sentido amplio y general:

1. En sentido restringido sólo se aplica a un grupo específico de cristianos que son llamados profetas (Hch 21,10-11; 1Cor 12,28-29).

2. En sentido general y amplio se aplica a todos los cristianos que son movidos por el Espíritu, sin importar qué dones del Espíritu se manifiesta en ellos (Hch 2,17-18; 19,6; St 5,10). En este sentido más general, podemos decir que la “vida espiritual” es siempre una vida profética. Esto significa que para saber lo qué significa una verdadera “vida espiritual”, es necesario recordar algunos aspectos y rasgos esenciales de los profetas, de su mensaje y actuación (Hch 3,25).

5. Rasgos esenciales del Profeta. 

A. El Profeta es un Hombre Inspirado.

1. Nadie tuvo en Israel una conciencia tan clara de que era Dios quien le hablaba y de ser portavoz del Señor, de ser “su profeta”. El Señor es su único punto de apoyo, su fuerza y su debilidad.

2. El profeta es el hombre de la palabra (Jer 18,18), una palabra que no es suya y que el Señor le comunica personalmente, cuando quiere, sin que él pueda negarse a proclamarla:

a. Palabra que a veces se asemeja al ruido del León (Am 1,2).

b. Palabra que en ocasiones es “gozo y alegría íntima” (Jer 15,16); y aveces se convierte en motivo de burla y oprobio para el profeta (Jer 20,8).

c. Palabra con frecuencia imprevista e inmediata, pero que en momentos cruciales se retrasa (Jer 42,1-7).

d. Palabra dura y exigente en muchos casos, pero que se convierte en “un fuego ardiente e incontenible encerrado en los huesos”, que es preciso seguir proclamando.

e. Palabra de la que muchos desearían huir, como Jonás, pero que termina imponiéndose y triunfando.

B. El Profeta es el íntimo de Dios.

1. El profeta, es ante todo, el “íntimo” de Dios; es aquel hombre que está en comunicación personal, viva y permanente con el Dios vivo; es el hombre que vive en comunión con el Espíritu del Señor (Am 3,7).

2. La intimidad con Dios, la comunión con su Espíritu capacita al profeta para discernir los signos de los tiempos, para descubrir el paso del Señor por la historia: el Espíritu de Dios los hacía capaces de “sentir con Dios”.

3. Consecuentemente, los profetas compartían la ira, la compasión, la tristeza, la desilusión, la aversión de Dios, su sensibilidad por el pueblo y su situación, la mayoría de las veces, angustiosa. Los profetas tenían los pensamientos de Dios, porque ellos compartían sus sentimientos y valores. Esto es lo que significa estar lleno del Espíritu de Dios, y eso es lo que nos hace capaces de leer los signos de los tiempos con honestidad y veracidad. Esto es también lo que significa la “unión mística” con Dios.

C. El Profeta es un Hombre Público.

1. Su deber de transmitir la palabra de Dios lo pone en contacto con los otros hombres; no puede retirarse a un lugar sosegado de estudio o reflexión, ni reducirse al limitado espacio del templo.

2. El profeta se halla en contacto directo con el mundo que lo rodea. Ningún sector les resulta indiferente, porque nada es indiferente para Dios.

D. El Profeta es un Hombre Amenazado.

1. En muchas ocasiones, el profeta es consciente de que su misión parece estar destinada al fracaso, de fatigarse en vano porque su mensaje no encuentra una respuesta positiva por parte de los oyentes de su palabra (Ez 33,30-33). Pero es tal vez lo más suave que puede ocurrir: a veces se enfrenta a situaciones mucho más duras.

2. (Os 9,7; 2Cro 24,17-22; Jer 26,20-23) Esta persecución no es sólo lo los reyes y poderosos; también intervienen en ella los sacerdotes y los falsos profetas. E incluso el pueblo se vuelve contra ellos, los critica, desprecia y persigue. En el destino de los profetas está prefigurado el de Jesús de Nazaret.

3. Es necesario recordar que a veces la amenaza le viene también de Dios: le cambia la orientación de su vida, lo arranca de su actividad normal, como le ocurre a Amós (7,14s) o a Eliseo (1Re 19,19-21); le encomienda a veces un mensaje muy duro, casi inhumano, teniendo en cuenta la edad o las circunstancias en que se encuentra: 

a. Samuel y Elías: Este relato quizá tenga un fondo mas legendario que histórico, pero ayuda a hacerse una idea de las tremendas exigencias del Señor (1Sam 3,1-10). Este es el relato de la vocación de Samuel, pero se olvida con frecuencia lo que sigue (1Sam 3,11-14).

Samuel es un niño, educado desde pequeño con el sacerdote Elí que lo trata como un padre. Sin embargo, Samuel recibe de Dios el encargo más duro: transmitirle su propia condena u la de sus hijos (v. 16).

b. Ezequiel. Dios le anuncia un acontecimiento sumamente doloroso: la muerte de su esposa. Pero, incluso entonces, no podrá dejarse dominar por la pena ni cumplir los ritos fúnebres habituales. La existencia del profeta está en todo momento al servicio de Dios, y también este hecho será punto de partida para transmitir su mensaje (Ez 24,15-24).

E. El Profeta es un Carismático.

El profeta, hombre dominado y bajo la acción del Espíritu de YHWH, rompe todas las barreras:

a. La barrera del sexo: en Israel existen profetisas, como Débora (Jue 4) o Juldá (2Re 22).

b. La barrera de la cultura: no hacen falta estudios especiales para transmitir la palabra del Señor.

c. La barrera de las clases: personas vinculadas a la corte, como Isaías; pequeños propietarios como Amós, o simples campesinos, como Miqueas, pueden ser llamados por Dios.

d. La barreras religiosas: no es preciso ser sacerdote para ser profeta. Más aún, podemos afirmar que gran número de profetas eran seglares.

e. Las barreras de la edad: Dios encomienda su palabra lo mismo a adultos que a jóvenes o a niños.

6. El Profetismo Dominicano. 

a. Haciendo una sana hermenéutica de la Orden, del espíritu que la anima y de su praxis a través de toda su historia, podemos afirmar que la “espiritualidad” que la ha animado durante siglos es esencialmente de corte profético: nuestro Padre Domingo y gran número de sus hijos han vivido en plenitud los elementos esenciales, que como hemos visto, conforman el “rostro” del verdadero profeta.

b. La historia de Santo Domingo nos dice claramente que la experiencia de Dios envuelve toda la vida del patriarca: “sólo hablaba con Dios y de Dios”. Santo Domingo era el hombre que estaba en comunicación personal, viva y permanente con el Señor: “era el experto en divinidad”. Su comunión y diálogo permanente con el Espíritu de Dios era el manantial de su vida “espiritual”, la savia fecundante de su praxis evangelizadora y la luz que iluminaba y clarificaba sus opciones. 

c. Desde esta comunión con el Señor, Santo Domingo es capacitado para descubrir aquello que estaba muriendo y naciendo en la historia: Domingo proféticamente fue capacitado por el Señor para imaginar, crear e implementar un nuevo proyecto histórico al servicio de la Iglesia y al margen del orden establecido; articulando creativamente experiencias eclesiales antiguas y tratando de responder a los retos de la sociedad de su tiempo; gesto un nuevo estilo de vida consagrada al servicio eclesial inédito por el momento. Domingo quiso responder a la hora del mundo y de la Iglesia a la que Dios le llamó: hora que discernió, oró, estudió y se comprometió. 

d. Retomando lo anterior, podemos afirmar que Domingo puso a disposición de la Iglesia mediante el anuncio del Evangelio su “imaginación y creatividad”: en la creación de la orden no fue reiterativo, ni rutinario, sino audazmente imaginativo. Nosotros en condiciones socio – culturales, económicas, políticas y religiosas radicalmente distintas, estamos llamados a privilegiar el faltante imaginativo de Domingo:

1. Desde la comunión con Dios, con la Iglesia, con la historia y con el hombre de nuestro tiempo, asumiendo creativamente sus anhelos, preocupaciones, problemas, esperanzas y frustraciones.

2. Desde la fidelidad creativa al carisma dominicano: ser hombres de misericordia, contemplación, estudio y predicación, siempre situados en un contexto histórico – religioso, económico, social, donde debemos experimentar la misericordia del Señor “que llega a sus fieles de generación en generación”.

3. Desde la actitud de apertura y disponibilidad a los retos que nos plantea la adecuada articulación entre lo antiguo y lo nuevo; al igual que nuestro padre Domingo y bajo la acción del Espíritu del Señor “que todo lo hace nuevo”, debemos estar en capacidad de descubrir “los signos de los tiempos” y estar dispuestos a “dar razón de nuestra esperanza “en que para el Señor “nada es imposible”.

4. Desde una actitud que brote del hecho de haber experimentado la misericordia del Señor y su fuerza siempre nueva y creadora, para poder optar por los pobres, la justicia y la evangelización de la cultura, siempre a través de la espiritualidad y antropología dominicana: debemos predicar y sembrar lo que somos, lo que el Espíritu “puso en nuestras manos de sembradores”. 

e. Decíamos anteriormente que uno de los elementos esenciales del profeta es su “servicio a la Palabra” (Jer 18,18). Y este servicio a la Palabra y de la Palabra es precisamente la que identifica a la Orden, “que fue específicamente instituida desde el principio para la Predicación.