La Liturgia en la Vida Dominicana

1. De la Liturgia en general: dice la S.C. No. 7: “La liturgia es el ejercicio del Sacerdocio de Cristo. Por esos se puede definir como la actuación y continuación de la obra sacerdotal de Cristo, por medio de signos sagrados, significantes y eficaces”. La espiritualidad propia de la Iglesia es la presencia activa de Cristo y la revelación de su misterio.

2. Características de la Espiritualidad Litúrgica: teológica, Histórico – Salvífico, Dinámica – Operativo.

a. Teológico: finalizada hacia el Padre, en Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, en virtud de una dimensión pnumatológica del todo especial.

b. Histórico – Salvífico: es Bíblica, Eclesial, porque es la Iglesia la que actualiza la historia de la salvación, es pascual porque es un resumen condensado de la salvación.

c. Dinámica – Operativo: porque lleva más fácilmente a ver como el obrar cristiano, impregnado por la espiritualidad litúrgica, es un obrar operativamente dinámico.

3. La Liturgia en la Orden de Predicadores: dice LCO No. 57: “Por tanto, la celebración de la liturgia es el centro y el corazón de nuestra vida, cuya unidad radica principalmente en ella”.

4. ¿Por qué tanta insistencia en la Celebración Litúrgica?

  • Porque en ella se descubre de manera viva y mistérica las maravillas de Dios que el predicador ha de asimilar para llevar a los demás la Buena Nueva de salvación.
  • La liturgia no es sólo oración, culto y alabanza, sino que es realización, ejecución de la razón.
  • La liturgia es fuente de contemplación y vehículo apta de predicación; fuente y causa de unidad, culto a Dios e intercesión y santificación de la vida conventual; y personal.
  • En la liturgia se encuentra y experimenta la Palabra de Dios, hecha vida.
  • Porque el dominico hombre de la Palabra, necesita especialmente de la Eucaristía y de su prolongación en la Liturgia de las Horas, pues de ella parte y a ella debe conducir; a actividad en la Iglesia. Y es que e dominico participa y contempla, sobre todo en la Eucaristía, el misterio de la salvación que debe anunciar.
  • Además la Liturgia, como la vida fraterna de comunidad, es un elemento de la vida apostólica dominicana. La comunidad de oración es ya un apostolado.
  • LCO No. 59: “La celebración de la misa conventual ha de ser el centro de la liturgia de la comunidad. Pues como memorial de la muerte y resurrección del Señor, es vínculo de caridad fraterna y fuente principal de la fuerza apostólica.”.

5. La Celebración de las Horas: constituye una magnifica introducción para la contemplación. Los textos de la Sagrada Escritura y particular los salmos, invitan a considerar la misericordia infinita de Dios, su bondad y su justicia, el amor por su pueblo y su omnipotencia, a la que rinde homenaje todas las criaturas. “El salterio contiene toda la teología”, dice Humberto de Romanis.

El oficio coral, dice el mismo autor, “ablanda la dureza del corazón, levanta la mente a Dios, prepara la senda del corazón para acoger las gracias del Señor”. La recitación de las Horas es una preparación para la eucaristía y es su prolongación. No se ha de descuidar el canto de las Horas porque, como dice Santo Tomas el canto acrecienta la devoción porque permite una más prolongada reflexión sobre la verdad que la liturgia ofrece a la meditación.

En la liturgia contemplamos con mayor realismo aquel misterio de santidad y salvación, aquella palabra de verdad, que es para nosotros espíritu, vida y quehacer. En la liturgia y sobre todo en la Eucaristía, encontramos presente y operante el misterio de la salvación de los hombres.

6. Síntesis de la Vida Dominicana: Los elementos esenciales de la Orden de Predicadores forma una síntesis completa y organizada. Así la vida comunitaria crea un ambiente apto para la formación, para el estudio y las observancias. LA fiel observancia de los consejos evangélicos favorece el espíritu comunitario y facilita el estudio. La oración alimenta el estudio de la verdad divina, y el estudio ilumina la oración. La práctica fiel de las observancias regulares dispone a la contemplación y da vigor sobrenatural a la predicación. Por eso, la auténtica vida dominicana exige que se vivan fielmente todos los valores. Nuestra vida consiste en la presencia armoniosa de todos los elementos que la integran. Y del equilibrio de todos estos elementos nace la vida propia del fraile predicador; una vida apostólica en sentido pleno, en la cual de la plenitud de la contemplación brota la predicación. Después de Santo Domingo, las otras ordenes religiosas han sentido la necesidad de recurrir a la contemplación como alma de su apostolado. El vaticano II aplica la doctrina tomista: “contemplata allis tradere” a los presbíteros y religiosos (LG. 41; PO. 13b; PC. 8ª).

La síntesis dominicana conserva su espiritualidad y hace del dominico un apóstol contemplativo y un contemplativo apóstol. La Orden de Predicadores no es una Orden mixta; no es una religión puramente contemplativa; tampoco se considera la acción y la contemplación en el mismo plano como dos paralelas. En la vida Dominicana, la acción y la contemplación no son dos actores sucesivos; son actos en cierto sentido simultáneos, en el sentido de que se compenetran. La contemplación anima y vivifica constantemente la acción apostólica; esta no interrumpe la contemplación ni es su prolongación. La vida apostólica recibe alimento e impulso de la contemplación, como el amor del prójimo es alimentado constantemente por el amor de Dios. Todos los elementos de la vida dominicana favorecen el espíritu contemplativo. La predicación dominicana radica en aquella mirada prolongada, intensa y absorta en Dios que constituye la contemplación alimentada del silencio, el estudio y la atmósfera conventual, propia de la Orden de Predicadores.

En la vida dominicana que superado el dualismo acción – contemplación. La equilibrada síntesis de todos sus elementos elimina el contraste entre acción y contemplación. Debemos repetirlo: La vida propia de la Orden es una vida integralmente apostólica, en que la predicación y la enseñanza debe preceder de la abundancia de la contemplación. La contemplación se alimenta de la oración, del estudio, la práctica de los consejos evangélicos, de la vida comunitaria y del espíritu de penitencia. Aquí todo esta reducido a la unidad. Aquí todas las facultades y todos los actos están orientados hacia Dios, del cual desciende el incremento que vivifica la acción apostólica.