La Orden de Santo Domingo

Santo Domingo, canónigo regular en Osma, en España, predicador contra los Albigenses, en Tolouse, funda primero una comunidad de mujeres para dar testimonio de pobreza absoluta y auténtica, para oponerla a la pretendida pobreza de los herejes. Después organiza un grupo de predicadores cuya misión fue inmediatamente aprobada por la autoridad de la Iglesia, y con una constitución inicial bien estructurada y con un programa completo, en que se determinan claramente las actividades –estudio y predicación– y el modo de vida –práctica de la pobreza–. Es el mismo Santo Domingo el que controla, dirige y organiza la orden naciente.

Son los principales impugnadores en la controversia contra Guillermo de Santo Amor, Gerardo de Abbeville, Enrique de Gand y los demás adversarios parisienses de los mendicantes. Esta controversia no deja de provocar una evolución doctrinal, que probablemente Santo Domingo no preveía: porque Santo Tomás de Aquino, al defender las órdenes nuevas, basaba la perfección de estado de los religiosos en la consagración definitiva a Dios por la profesión solemne, y considera esta consagración superior a la deputación del simple sacerdote secular para el servicio ministerial de la Iglesia, en virtud de un “oficio”. Los Dominicos como los Franciscanos se entregan con alma y corazón al ministerio apostólico.

La oposición doctrinal no impidió, pues, que los Dominicos ejercieran una profunda acción en la Iglesia, en todos los sectores donde podían ser útiles. No quiere decir que, normalmente, llegasen hasta la masa y los humildes, ya que los frailes Predicadores se reclutaban, sobre todo, entre clérigos y letrados y procuraban siempre, de un modo preferente, adoctrinar a las personas escogidas. Después con sus miembros cuidadosamente instruidos, será una auténtica élite intelectual que la Orden Dominicana instaurará y dirigirá en la cristiandad. Los Frailes Predicadores los conducen por las sendas de la vida espiritual así como a una numerosa clientela de religiosas –no sólo Dominicas sino también de casi todas las demás órdenes femeninas–, por medio de la acción profunda, aunque poco visible, de la dirección espiritual.

Los Dominicos, precisamente por partir de un plan preestablecido, aunque sean innovadores más conscientes, aprovechan instituciones antiguas: al principio los “canónigos regulares” y siguen varias observancias canónicas, como la regla de San Agustín, el vestuarios, la vida en común y el oficio coral, y usan (desde 1212 hasta 1249) incluso del nombre de “canónigos”; su espiritualidad, y su gran austeridad de observancias y algunos usos particulares, les vienen de los Premostratenses. Pero en este marco tradicional se inserta una realidad completamente nueva, que es la primacía del ministerio de las almas.

Esto condicionará todo lo demás, incluyendo las observancias antiguas, que el superior podrá dispensar, según la regla, siempre que los intereses de las almas lo exigieren. La misma constitución administrativa de la Orden, extremadamente centralizada y fundamentada en una base representativa, con superiores temporales y órganos legislativos para toda la Orden, todo eso está previsto para garantizar a los Predicadores una mayor eficacia en su acción apostólica.

  • Espiritualidad de tipo intelectual, dando la preferencia a la doctrina, abierta al cela por las almas que conduce al ministerio de la predicación y al estudio, exigiendo un austero testimonio de pobreza –he ahí las principales características que se pueden distinguir en la vida espiritual de los Dominicos–: he ahí cómo ellos piensan que se debe orientar al alma por los caminos llevan hasta la perfección y hasta Dios.
  • Los Dominicos tienen una formación uniforme, frecuentan colegios y universidades de tipo cosmopolita, predican por todos los países de Europa y viven en las ciudades, sensiblemente iguales en todas partes.
  • En efecto los Dominicos de España y de Italia parece que se dedican más al apostolado y a la predicación, por ejemplo entre moros y judíos: los de Francia y de Italia del norte son más conocidos por sus profesores universitarios y se diría que prefieren el estudio; los de Alemania y Flandes, sobre todo durante el siglo XIV, se dedican con celo a la dirección espiritual, principalmente de religiosas, y cultivan la “mística de la esencia”.
  • A través de estas diversidades, la tendencia es sensiblemente la misma por toda Europa cristiana: espiritualidad intelectual y doctrinal.
  • Santo Domingo de Guzmán orienta claramente a sus discípulos hacia el ministerio sacerdotal, y en primer lugar hacia la predicación. Después acentúa el testimonio de la pobreza, aunque ya desde el principio lo tuviese en cuenta, y da a su Orden un carácter universal: ya no se trata de ponerse al servicio del obispo de Tolouse, sino de toda la Iglesia.