Predicación Dominicana

Es lo primero que nos define o en función de lo cual nos definimos. Es un valor constitutivo de nuestro ser dominicano. Es un carisma, una espiritualidad, una experiencia cualificada del Espíritu y una obra del mismo Espíritu a través del predicador. Es una forma de seguir radicalmente a Jesús, que no sólo predica, sino que es la Palabra, la Buena Nueva y camino de la luz. Por consiguiente el carisma de la predicación configura toda la vida del predicador y alimenta un estilo de vida evangélica en todas sus dimensiones.

Para el P. Felicísimo la predicación dominicana comprende varias experiencias para la vida cristiana y que Domingo encarnó en el carisma de la predicación. Estas son: Experiencia de Dios, Experiencia Comunitaria, Pobreza Evangélica y Experiencia Apostólica.

1. La Experiencia de Dios: consiste en una experiencia radical de fe, cultivada a través de una intensa vida de contemplación, filtrada a través de la contemplación y el estudio de la Palabra de Dios. Esta contemplación dominicana incluye el silencio contemplativo, la oración, la celebración litúrgica y el estudio. La experiencia contemplativa es parte integrante del carisma de la predicación; es núcleo de la Espiritualidad Dominicana.

2. La Experiencia Comunitaria: es un llamado a vivir como las primeras comunidades que se conocieron con el nombre de fraternidadesDomus Praedicationis, pues la predicación no se reduce al mero anuncio verbal de la Palabra, incluye sobre todo, el anuncio testimonial y la experiencia viva de la Palabra. La práctica de la fraternidad es ya un ejercicio del carisma de la predicación.

3. La Pobreza Evangélica: era la gran ausente en la Iglesia y la vida religiosa del siglo XIII. El éxito de las Órdenes Mendicantes fue la pobreza. La pobreza posibilita adentrarse en la experiencia cristiana. Así nos lleva a la experiencia de Dios Padre, de la Providencia, de la gratuidad del Reino, de la fraternidad; a la experiencia central del misterio cristiano: la Kenosis, el anonadamiento y la muerte.

La pobreza dominicana no es una simple virtud moral o ascética. Tiene una dimensión esencialmente teologal y carismática. Es el camino para la identificación con Cristo. Para Domingo el misterio de la predicación se ejerce sólo con la fuerza de la palabra y con el respaldo testimonial de la pobreza evangélica.

4. La Experiencia Apostólica: es la central del carisma dominicano. Esta no se reduce a actividades. Es sencillamente la experiencia de la vida apostólica como forma de espiritualidad cristiana, como forma de seguimiento de Cristo.

Sólo puede ser predicador aquel que ha tenido la experiencia de la Palabra o la experiencia de Dios.

  • En primer lugar porque la Palabra es exigente e interpela al predicador reclamándole una vida acorde con la misma Palabra.
  • En segundo lugar porque la evangelización es una forma de imitación de Cristo. Ser predicador es repetir el camino de Jesús.
  • En tercer lugar porque evangelizar no es simplemente anunciar un mensaje, sino hacer y practicar el Evangelio o hacer que el Evangelio se actualice.

El carisma dominicano es el carisma de la predicación entendida en estos términos: Todos los rasgos de la Espiritualidad Dominicana confluyen y se concentran en ese carisma: la experiencia contemplativa de Dios, la de la fraternidad, etc. Y todas las prácticas destinadas a sustentar y alimentar estas experiencias tienen un dimensión apostólica y reciben su inspiración del carisma de la predicación.


Características de la Predicación Dominicana

a predicación dominicana es itinerante y universal; acompañada por un estilo de vida apostólica. Tiene una dinámica propia y sus características son: Doctrinal, carismática, Profética, Itinerante – Multiforme y de Fronteras.

1. Doctrinal: no significa teórica o abstracta, sino Kerigmática, Cristocéntrica, positiva. Es una predicación positiva en cuyo centro está el anuncio de la Verdad de Dios que se ha manifestado en Cristo. Este carácter Kerigmático y doctrinal hace que la predicación dominicana esté íntimamente asociada a la oración, a la experiencia contemplativa y al estudio de la Verdad Sagrada.

2. Carismática: quiere decir que no está apoyada en investiduras jerárquica, poder político o coerción, sino en el Espíritu, el poder de la Palabra de Dios y la vida evangélica del predicador. El predicador es un carismático, un maestro espiritual, no una autoridad jerárquica. Está libre del gobierno y de la administración.

3. Profética: su mira está puesta sobre todo en el presente de la Iglesia y e la sociedad, para iluminar e interpretar este presente desde la profundidad de la contemplación y a la luz de la Palabra de Dios. Actualizar la Palabra de Dios; ésta es la misión principal del profeta. La predicación profética nace de las entrañas del presente, desde las circunstancias históricas del presente, para iluminarlo desde la fe. El profeta está abierto al futuro y es generador de esperanzas. También el profeta denuncia aquellas situaciones en las que se revela aún la ausencia de la salvación.

4. Itinerante y Multiforme: significa que sea libre y con movilidad propias de quien profesa la pobreza evangélica radical, y puede hacerse presente allí donde lo requiera el misterio de la predicación. El mayor enemigo de una predicación profética es la esclavitud del predicador, las ataduras o intereses personales ajenos al Evangelio.

La predicación dominicana es al mismo tiempo multiforme, en los sermones solemnes, coloquios, disputas, el anuncio primero a los paganos, en concentraciones máximas o encuentros personales, la palabra escrita, otros. La misma celebración litúrgica es un anuncio vivo de la Palabra de Dios.

5. De Fronteras: No se trata de fronteras meramente geográficas, se trata de fronteras teológicas y culturales. Estas fronteras geográficas sirven para definir las fronteras entre la fe y la incredulidad, entre la Iglesia y el paganismo.La predicación dominicana primitiva se coloca en la frontera de la nueva cultura: cultura de las universidades, cultura asociacional que busca nuevos modelos de democracia y participación; en los principales centro urbanos y universitarios. Esta es una exigencia de toda predicación profética, estar atentos a los signos de los tiempos, a las nuevas circunstancias históricas, a las nuevas fronteras de la humanidad.

El Carisma de la predicación es universal en la Iglesia. La Orden debe ser signo, parábola, aguijón, terapia para la Iglesia. Este es el aporte específico de la Orden de Predicadores.